(Para el catálogo de la exposición Amor Fósil 1994 )

 

“VISION Y MIRADA”

Javier Vallhonrat
 

 Hablar del instante fotográfico, es hacerlo de las coordenadas espacio-temporales a partir de las cuales el fotógrafo ha acometido, desde el nacimiento de la fotografía, una larga tarea: descubrir y capturar, a través de sus apariencias, la esencia oculta de las cosas.

Para su empresa, ha tenido en la cámara fotográfica el instrumento, la ventana, desde la que mirar la realidad: y, a través de esta mirada, transformarla otorgándole nuevos significados.

Fijar el acto de mirar, de este modo, se convierte en acto de apropiación de lo mirado.

Paradójicamente, la cámara fotográfica es, a la vez que instrumento de posesión, la barrera que separa al fotógrafo de su objeto, convirtiéndole así en voyeur y observador.

Tomy Ceballos salva esta distancia mediante un proceso en el que la mirada es sustituida por la visión.

Alimentado por la energía oculta en los mitos y arquetipos encarnados en el cuerpo humano, y el poder revelador de las formas sugeridas de la naturaleza, las imágenes de Tomy ponen de manifiesto la necesidad de relacionar creación visual con experiencia directa; y esto, lo consigue eludiendo la mirada.

En esta obra, lo que se define no es el punto de mira del fotógrafo-cazador, sino el espacio del artífice, oficiante y visionario.

En contacto con la esencia del proceso fotográfico, suspendido el tiempo por la acción directa de la luz sobre el soporte sensible, Tomy transforma una acción, de la que él mismo es parte físicamente directa, en un registro fotográfico donde el cuerpo manifiesta, a través del gesto, su poder revelador.Haciendo un doble uso de la química fotográfica, la realidad, reconstruida fantasmalmente por nuestra memoria, y el signo abstracto, ejerciendo su poder de acercarnos a lo primordial, colisionan para permitirnos alcanzar su visión: la de la esencia de las cosas.
 


 

LA IMAGEN FRÁGIL
 Marta Gili 
Publicado en 1994.- (……). Otros, por el contrario, como los artistas de esta muestra, cuestionan críticamente estos términos. La imagen para ellos no es “ aquello que representa exactamente a otra cosa”, sino que se vuelve apariencia o huella, ficción o indicio. La imagen pierde aquí su carácter de inmutabilidad para convertirse en una imagen frágil, flexible y sugerente. Desposeída esta “ imagen frágil” de su pátina de “poder mediático”, se convierte en un medio expresivo que sintoniza a la perfección con aquellos aspectos más intangibles, y también frágiles, del ser humano. (…….). También Tomy Ceballos, finalmente, incide en la noción de memoria, pero desde una perspectiva distinta: la de plasmar un cierto imaginario colectivo, fruto de la literatura, de las leyendas y la imaginación. Ceballos cruza el proceso del “ fotográma” (la estricta huella del objeto sobre la emulsión fotosensible), que debe interpretarse como un pacto de puro registro, con la representación de figuras fantásticas, a menudo emparentadas con las mitologías populares. La suya, por lo tanto, constituye una antimemoria refrendada, paradójicamente, por un método autentificador que termina revelándose cargado de posibilidades plásticas. Para el profano, el resultado puede parecer más pictórico que fotográfico -y de hecho Ceballos confronta el problema de la especificidad-, de la misma manera que las imágenes, frágiles, etéreas y cósmicas, evocan el territorio de lo imaginario entre el cielo y la tierra. (…….).

Xpectrum 
Acción elemental
—FÉLIX DUQUE
 Quizá, casi al unísono, esté vibrando ahora el oído de un angelo musicante con el temblor oculto del metal, la sorda agitación de la madera o el encuadernado acorde del acordeón. Pues hay un sonido previo, liminar, a la música prometida en esta galería de retratos callados a la fuerza. Rumor límite, límite del rumor (y del rubor de las cosas, despojadas de su bulto), que apunta a una pura identidad consigo misma, a una vertiginosa inquietud del movimiento que regresa a sí y en su propio seno se expande: acto de presencia de la manifestación pura. Lo invisible que dona lo visible y que también, a hurtadillas, conmueve atómicas estructuras: manantial luminoso del sonido. Manifestación de luz-X, antes desconocida para el sabio (Röntgen, Becquerel), siempre desconocida para el ojo (incluso para la atenta mirada –también ella rayo– de Marie Sklodowska): luz-lluvia de electrones irradiados por elementos pesados, allende el misterioso número atómico 83. O lo que es lo mismo: radiación electromagnética de onda corta que atraviesa cuerpos de poco peso atómico para dejar que transparezca la pura forma: reverberación que a su vez hace ser al inaudible son primero. Tal la equis: cruce de luz y son, ya no incógnita. Radiografía. Radio que es ola y es rayo: lenguaje transparente de la otra luz que, más generosa que esquiva, se retira –como el Dios cabalístico– para que allí haya algo que ver. Mas también para que las entrañas de lo visto se estremezcan, penetradas, conjurando otra posibilidad, más alta y, por ende, más débil: la de la mecánica animicidad que, bien temperada, en oído mortal se torna alma sentiente. Nostalgia del espíritu, que es aire y que es fricción. ¿O quizá sólo espectro? Materia desechada. Pero, ¿cómo, sin resistencia, engendrar armonía? ¿Dónde la trémula carne, ausente de esta sonata de espectros, representada aquí en imaginario juego de surreales transiciones y desviaciones? Acción elemental de seres desprendidos (y nunca mejor dicho), que desnudan hasta el hueso materias encarnadas, cuya intimidad inerme y aterida azotan diminutos, y que sólo se detienen ante una hosca, por caso plúmbea pantalla. Astuta generosidad de quien roba colores, texturas y gravedad a las cosas, en nombre de la ciencia. Y con su ayuda, el arte. ¿Nos quitará también las vistas y sonidos cotidianos, dejando como obra-resto la grisalla de evanescentes instrumentos, de sonar improbable? Pero quizá se dé aquí una astucia más alta. Quizá el hacer que las cosas sonantes dos veces se distancien –en su ser cosas y en su ser de sonido– ayude a que se sientan en lo hondo. Que también hay un sonar por ausencia. Reproducción de reproducciones, y todo reproducción, como sabe el gramófono, también él espectral. Salvo la producción misma, que apunta al otro lado y logra así que los ojos acaben echando de menos el contacto, el esfuerzo de labios adherentes –artístico soplido, frecuencia modulada– o el ardor de las manos que acarician –«larghetto»–, pellizcan –«pizzicato»– y fustigan –«atacca»–. Y todo, retenido, positivado en blanca superficie, en impúdica pantalla sin adentro. Poner la negación: sarcasmo de las artes, herida de la tierra.

Art Magazine
"EUROPEAN PHOTOGRAPHY”
Joan Fontcuberta Electrography has given to rise to a new discipline called “ body-copy”: art works made of photocopies of different fragments of the body. Their most obvious predecessors are body photograms. Man Ray was probably the first, in the early 20s, to photogram human hands. A few years later Moholy-Nagy experimented further with hands and incorporated his own face in a sort of photogram-portrait, and in the early 50s Robert Rauschenberg published blueprints of a whole body. Man Ray considered rejection of the camera a way to surreal “ automatic writing” in visual art. For Moholy-Nagy it was a way to expand the “ new vision”, with daring resuts in terms of abstraction and aesthetic investigation. Rauschenberg became interested in the concept of the imprint and in the subversión of reproductive and functional materials and proceses, which could be similarly applied in creative image-making. Tomy Ceballos belongs to the generation of artists who have worked between those three axes, opening a fourth dimension oriented towards conceptualism and narrative. Ceballos’s innovation relies on the creation of a personal cosmogony where the luminous bodies perform roles which are easily identifiable, borrowed from the kingdom of popular fiction, from mythology to fairy tales and fantasy literature. His pictures, displayed in an impressive format, have been roughly processed with a developer and fixer dripping system; this additionally would involve gesture, chance, and the accidental issues beloved of different phases of modern art, from Surrealism to Abstract Expressionism. According to the artist’s personal statement, there is also an important spiritual background to these Works. For Ceballos, the shadow means the trace and the aura at the same time – The trace in the sense of a fósil imprint; the aura as a magic translation of vital energy into visual forms. A conventional photograph would provide the matter; Ceballos’s photograms only attempt to snapshot its soul. This would explain how his pictures seem to be so alive, organic, irritating, and in such constant movement. 


Océanos Pacíficos

Habitar lo digital

Pedro Medina


 A Manfredo Tafuri le gustaba citar dos artículos del primer número de Das Andere en los que Adolf Loos reflexionaba sobre lo “moderno”, para reivindicar la figura del artesano, porque es el que realmente sabe hacer las cosas, es el Bau-meister que reúne conocimiento técnico y construcción. Hace unos años Richard Sennett defendió algo similar en El artesano, para llamar a la acción dentro de la actual sociedad de consumo, que olvida la excelencia y no piensa en aquellos conocimientos que constituyen la textura de la sociedad y la economía.

Frente a la nueva serie de Tomy Ceballos, donde lo digital cobra protagonismo, parece extraño esta referencia al “saber hacer” del artesano, más propio del mundo de lo manufacturado. Sin embargo, en la época de Hermes –que diría Michel Serres–, donde la comunicación está en el centro de las transformaciones sociales (ya patente en los años sesenta, pero que con la digitalización del mundo ha dado saltos agigantados), se hace necesaria también una reflexión sobre las formas que esta digitalización ha propiciado.

Tomy Ceballos, es un Bau-meister –en el sentido que anunciamos aquí– de la fotografía, es decir, un conocedor profundo de su técnica y sus posibilidades desde que literalmente “dibujara con luz” en los años noventa, para explorar continuamente las posibilidades de un medio que adora.

Esta inquietud le ha llevado ahora a “habitar” lo digital para reflejarlo desde sus adentros, transformando en atractiva realidad un lenguaje con frecuencia huidizo y frío. Explora sus arquitecturas, huellas de vidas por vivir, para descubrir una narración compleja y abierta a la multiplicación de las interpretaciones; una obra que se entrega al placer de la forma, pero tras la que residen hondas preocupaciones sobre el lenguaje usado y las derivas que proyecta.

Una de las consecuencias de este proceso es que parece desaparecer la memoria, aunque solamente en apariencia, ya que la pieza escultórica de la serie es, en realidad, un enlace sutil con décadas pasadas desde las que todavía emerge una luz que ha conocido sucesivas transformaciones, las de una fotografía que precisamente tiende a buscar las tres dimensiones.

Es este ensayo formal, desde una pureza de elementos mínimos, el que ahora permite que se asome una tridimensionalidad deseada, dando lugar a una nueva experiencia: la creación de lugar y no solamente su muestra, el proyecto de una arquitectura y un pensamiento que emerge desde el interior de la fotografía.

Y ello lo realiza sabiendo que en el fondo la fotografía no es más que un sistema de selección visual. De esta manera, y en esta época, una propuesta como la de Tomy Ceballos no puede ser entendida más que como la respuesta pertinente a este mundo en fuga y a la búsqueda de una forma desde la que narrar tal condición. En efecto, se asume aquí con todas sus consecuencias el diagnóstico reconocido por Joan Fontcuberta en La cámara de Pandora: “las fotografías analógicas tienden a significar fenómenos, las digitales, conceptos”. No es, por tanto, un trampantojo (“trampa ante el ojo”) lo que hallamos en esta serie, sino una verdadera especulación sobre un estilo que debe evolucionar por necesidad.

En definitiva, este periplo lingüístico permite que su obra se encamine hacia una gran síntesis, capaz de reunir las dimensiones arquitectónicas del hacer fotográfico, físico y digital. El objetivo: alcanzar una armónica composición de formas, color y vida, que provoque en el espectador una honda meditación sobre este fascinante medio y sobre los trayectos más sugestivos para experimentarlo, un periplo que necesariamente nos incitará a pensar otras derivas a la altura de nuestros tiempos.


 

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